Conociendo Autores #15 - Javier M. Galiana

 

Javier M. Galiana, autor de la Saga Caminantes Galkir, podéis haceros con el primer libro haciendo click aquí.

Muchas gracias a vosotras por ofrecerme esta oportunidad de darme a conocer. Me ha sido muy grato responder las preguntas de esta entrevista.

ML: ¿Podrías contarles a nuestros lectores un poco de qué trata El llanto del fuego? 

JM: El llanto del fuego es, fundamentalmente, la historia del piromante Kiyus Thaeras, un mago idealista y ambicioso que llega al poder mediante métodos muy cuestionables con el objetivo de crear una sociedad perfecta. La historia de Kiyus, además, se entrelaza con las historias de otros seis protagonistas principales, dando lugar a una narración mucho más amplia: la historia de los Caminantes Galkir, una historia esencialmente trágica en la que abundan más los personajes decadentes que los héroes. Si bien es una saga de fantasía, no hay grandes batallas entre el bien ni el mal, no hay buenos ni malos: todos los personajes son, de un modo u otro, moralmente cuestionables. 

ML: ¿De dónde surgió la idea principal del libro? 

JM: La historia de Kiyus Thaeras se me ocurrió mientras escuchaba la canción Wildfire, del grupo Sonata Arctica. 

 ML: Quitando al protagonista de la obra, de entre toda la infinidad de personajes de la historia, ¿podrías decirnos cuál es tu personaje favorito y por qué? 

JM: Diría que Gar’ohn, el fauno. De todos los personajes de este primer libro, es sin duda el que más trabajo me ha llevado elaborar, puesto que su evolución psicológica a lo largo de las páginas de El llanto del fuego es mayor que la de los otros personajes. Me siento bastante satisfecho con el resultado. 

ML: En tu obra al protagonista le acompañan varios seres fantásticos, ¿por qué los elegiste? ¿Crees que le aportan cada uno algo al protagonista? 

JM: El grifo de Kiyus, Kiuro, originalmente iba a ser un dragón, pero decidí cambiarlo al estar los dragones sobreexplotados en este tipo de libros. El grifo fue la primera bestia mitológica voladora que se me vino a la cabeza, no le di muchas vueltas a la hora de elegirlo como sustituto para un dragón. Lo que le aporta Kiuro al protagonista, sin embargo, no es de especial relieve para la historia: no es más que una simple montura, un personaje accesorio que no tiene más función que la de darle mayor presencia en la guerra de Nhor. 

En cuanto a Gar’ohn, la idea de meter faunos en el libro se me ocurrió a raíz de jugar una partida de Warhammer con un colega, quien llevaba el ejército de Bestias del Caos. En ese ejército había una unidad que me llamó especialmente la atención, compuesta por sátiros demoníacos que nada tenían que ver con el señor Tumnus de Narnia. Con sus enormes cuernos y pezuñas, me resultaban especialmente imponentes, por lo que me decanté por ellos a la hora de seleccionar una raza de bestias que habitase la inhóspita tierra de Crof Jhar. Gar’ohn, a diferencia de Kiuro, sí que supone una aportación mayor al personaje de Kiyus Thaeras, con quien se complementa enormemente. La evolución de estos dos personajes no sería posible sin la ayuda del otro: mientras que Gar’ohn supone un refuerzo esencial para la autoestima de Kiyus, Kiyus cambia por completo la visión del mundo del fauno, adoptando éste una mentalidad que le llevará a cometer una serie de actos decisivos para el transcurso de los acontecimientos de la saga. 

La sílfide Duyldon en principio iba a ser un hada: de hecho, en algunos momentos me refiero a ella como hada y no como sílfide, dando a entender en todo momento que en el mundo de Caminantes Galkir las hadas y las sílfides son las mismas criaturas, esto es, mujeres diminutas con alas. No obstante, decidí decantarme por la palabra “sílfide” porque el término “hada” tiene unas connotaciones muy diferentes en cada persona: el imaginario colectivo es bastante confuso y no todos piensan en las hadas como mujeres diminutas y aladas. Con las sílfides, sin embargo, no tengo ese problema, y me es mucho más fácil encontrar una versión masculina de esa especie: los silfos. Estos términos, silfo y sílfide, los descubrí en un juego de rol y me fueron de mucha utilidad a la hora de aclarar las ambigüedades que la palabra “hada” suponía. La idea era, sobre todo, meter un personaje de apariencia tierna, afable e incluso inocente, que sorprendiera al lector por su mentalidad tan fría y descarnada que poco tiene que ver con lo esperado en este tipo de personajes. Sin embargo, el personaje de Duyldon no aporta casi nada al personaje principal —poco más que cierta ayuda en la guerra de Nhor—, estando su historia esencialmente vinculada a la del sobrino del piromante, Pentra. 

De Daithora no diré mucho: en ningún momento de la novela dejo claro qué tipo de criatura es exactamente, y hacerlo aquí sería anticipar detalles importantes de la trama que no serán revelados hasta el próximo libro, Isla de dolor. Por ello mismo tampoco diré nada de su relación con Kiyus, si bien la hay y es de gran relevancia para ambos personajes. 

En cuanto a Karl Geldan y los tritones, uno de los primeros contactos que tuve con estos personajes mitológicos fue en el manga One Piece, y me resultaron unas criaturas especialmente entrañables que tenía que meter en mi historia de algún modo. De One Piece también saqué la idea de que, por ejemplo, tuviesen más fuerza que los humanos: por ello es tan decisiva su participación en la guerra de Nhor, hasta el punto de acceder Kiyus a buscar a Serkyan solo por querer tener a los tritones de su parte. Más allá de eso no es mucha su relación con el piromante. 

Que el paladín Nalem fuese un centauro, por otro lado, fue un hecho más casual y aleatorio que otra cosa. Quería escoger una criatura mitológica que cumpliera dos requisitos: primero, ser distinta a todas las otras criaturas aparecidas en la novela; y segundo, no aparecer en ninguna novela de Tolkien. El centauro fue la primera criatura que cumplía esos requisitos que se me ocurrió. Por otro lado, la relación que Nalem tiene con Kiyus es más bien inexistente, al menos de forma directa. Indirectamente, es por Nalem que Serkyan llega a forjar ese carácter que tanto le haría chocar con el piromante. 

Por último, en cuanto a los muertos vivientes he de decir que los escogí por poseer en cualquier juego de rol o videojuego la entrañable cualidad de morir irremediablemente ante los poderes de un paladín. La presencia de criaturas así haría que solo dos personas, Serkyan y Pentra, cobrasen una capital importancia en una guerra, marcando una diferencia notable aun siendo solo dos. Su relación con Kiyus, sin embargo, es más bien inexistente: los muertos vivientes de su bando no son más que mano de obra barata para él, y los adversarios chusma a la que abatir. Todo lo anteriormente dicho concierne especialmente a zombis, necrófagos y esqueletos: el caso de los vampiros es algo más complejo. La idea era conseguir un tipo de muertos vivientes que pudieran tener una mínima capacidad de raciocinio, que no fuesen simples marionetas. Estuve un tiempo indeciso entre escoger liches o vampiros, pero al final un colega me convenció para que me decantase por vampiros. Además, tenía bastantes ganas de reivindicar el carácter oscuro y brutal con el que surgieron estos personajes por primera vez en la literatura. Muchos de los libros actuales muestran los vampiros como individuos melancólicos, sensibles y amorosos, y no digo que esa visión sea mala, pero me gusta más la original y quiero reivindicarla. No obstante, ninguno de los vampiros aparecidos en la novela tiene más relación con Kiyus que la de ser simples enemigos a los que abatir, aunque algo más a tener en cuenta que los zombis y esqueletos. 

ML: ¿Te consideras un autor brújula (te vas dejando llevar e improvisas) o mapa (planificas todo antes de escribir)? 

JM: Esencialmente mapa: tiendo a planificarlo todo de antemano, y escribo solamente historias que ya tengo bastante planificadas. Sin embargo, lo que planifico son esencialmente los acontecimientos y personajes clave: a la hora de entrelazarlo todo me veo muchas veces obligado a improvisar diálogos, acontecimientos e incluso personajes. 

ML: ¿A qué autor o autores leías de joven o ahora que te hayan inspirado a la hora de escribir este libro? 

JM: Son bastantes, a decir verdad, pero no tengo inconveniente en nombrar a todos aquellos de los que me acuerde: Michael Ende, Kentaro Miura, Hiromu Arakawa, R. A. Salvatore, Steven Erikson, Michael Moorcock, Dan Simmons, C. S. Lewis, Orson Scott Card, Margaret Weiss, Tracy Hickman, George R. R. Martin, Eichiro Oda, Fiodor Dostoievski, William King, Anthony Burgess, Dan Abnett y Kohta Hirano. Teniendo en cuenta que el libro lo terminé hace dos años y que hace tres ya estaba casi todo establecido, no todos esos autores me siguen gustando, pero todos han influido de un modo u otro en la elaboración de la novela. Y probablemente haya más de los que no me acuerde o no sea consciente. 

ML: ¿Tienes algún ritual a la hora de escribir? ¿Escuchas música, escribes descalzo, en portátil, en papel…? ¡Sorpréndenos! 

JM: Escucho música siempre, y escribo en el ordenador, en el fijo cuando estoy en casa y en el portátil cuando estoy en el piso. Suelo escribir solamente cuando estoy libre de exámenes y tareas de clase, sin ningún tipo de prisa y mientras chateo con amigos. 

ML: ¿Prefieres leer en digital o en papel? 

JM: Prefiero en papel. 

ML: ¿A quiénes recomiendas tu novela? 

JM: La recomiendo a todos los lectores de Steven Erikson, Glen Cook, Ana María Matute, Margaret Weiss, Tracy Hickman, Michael Moorcock, Andrezj Sapkowsky, Jack Vance y David Gemell que, habiendo leído todas las novelas de fantasía de estos autores, e incapaces de esperar a que los que quedan con vida escriban más libros, se aventuren a leer novelas parecidas sin las expectativas muy altas, no con el afán de encontrar algo a la altura de estos magníficos escritores anteriormente citados sino de calmar el inevitable síndrome de abstinencia derivado de la lectura de sus obras. A todos aquellos que busquen una novela de fantasía distinta a las de Tolkien, carente de buenos y malos, con gran densidad en cuanto a personajes e instituciones, con múltiples personajes protagonistas y con gran profundización psicológica en los mismos le recomendaría antes cualquier novela de los autores anteriormente mencionados que la mía, pues todo lo que encontrarán en las páginas de El llanto del fuego lo encontrarán —y mejor escrito— en esas otras novelas. 

También recomiendo mi novela a todos aquellos a los que les apetezca leer la obra de un autor al que no le queda más remedio que darlo todo de sí mismo por no tener una legión de fans incondicionales que alaban todo lo que escribe pese a no haberse esforzado, si bien aviso que es muy probable que aun dando yo mi 100% no le llegue a la suela de los zapatos a ciertos autores de éxito dando solo el 5%. 

ML: ¿Qué consejo darías a todos los autores noveles que nos están leyendo? 

JM: Que de atravesar momentos en los que no encuentren reconocimiento alguno ante su esfuerzo no deben sentirse culpables ni asumir que ello se debe a que se han esforzado poco al escribir. El éxito no es proporcional al esfuerzo, sino a otros factores: asumir esta idea cuanto antes es fundamental para poder escribir sin frustraciones. Creo que sin mencionar yo un solo nombre a todos estos autores noveles se les podrán venir a la cabeza más de un escritor que, pese a no invertir el más mínimo esfuerzo en sus obras, se haya convertido en millonario y sus libros en best-sellers. 

Que piensen mucho en estos autores. Ello les recordará que esto no es una carrera por ver quién se esfuerza más: es una lotería por ver quién tiene más suerte. Si estás en el lugar adecuado en el momento adecuado, si tienes un colega editor, si te sobra el dinero tanto como para financiarte una buena edición y distribución o si eres famoso de antes por subir tonterías a Youtube, tanto da que te hayas esforzado o no, que tendrás todas las papeletas para triunfar. En cualquier otro caso lo van a tener muy difícil para triunfar, pero, ante todo, no es su culpa, no deben desmotivarse a la hora de escribir. 

El escritor profesional ni nace ni se hace: lo hacen el entorno y la casualidad. Quien diga que solo unos pocos afortunados tocados por la divinidad al nacer pueden escribir buenas obras, miente: esto no se trata de talentos innatos, sino de los intereses de empresarios a los que les importa tres narices la calidad de las obras que publican. Medir la calidad de una obra literaria no es como operación matemática; es, por el contrario un proceso bastante subjetivo e inexacto. Yo no tengo ni idea de cómo se hace, pero sé como cualquier persona con dos dedos de frente que tomar como referencias las ventas de un libro no es una buena idea. Creo que no he dar ejemplos que respalden esto porque a vosotros se os ocurrirán más que a mí. 

Lo que sí creo que se puede medir es el esfuerzo de un autor al escribir. Al menos, se nota bastante cuándo un libro está poco trabajado y creado pensando no tanto en los lectores como en los bolsillos de los lectores. Sería bastante triste que solamente hubiese libros así, y de no ser por autores que han dado todo de sí mismos sin importarles el éxito no tendríamos más que literatura repetitiva y fotocopiada. 

Por eso, autor novel, tú, donde quiera que estés y quien quiera que seas: no te rindas. Sí, suena bastante prototípico y no sirve mucho de consuelo cuando sabes que no rendirte no va a implicar triunfar. Pero tal vez te sea satisfactoria la idea de que tú tienes un privilegio del que carecen muchos autores que han triunfado: tú escribes lo que quieres, cuando quieres, como quieres y, principalmente, porque quieres. Eres libre de hacer lo que te plazca al escribir. Puede que ello no haga más atractiva tus obras a mucha gente en general, pero a mí personalmente sí. Me encanta leer obras escritas por el autor como ha querido, sin ningún tipo de condicionantes. Pero, por desgracia para mí, el mercado editorial me ofrece muy pocas obras de este tipo, y los que producís material así no tenéis forma de hacerlo llegar a gente como yo. Por ello os invito a pasaros por la sección “para nuevos autores” de mi blog: podéis contar conmigo para leeros y reseñaros, da igual de lo que sea vuestra obra. Solo porque habéis sido libres de crearla como queréis ya me parece más atractiva que cualquiera que pueda encontrar en una librería: lo digo sin conoceros a vosotros ni a vuestra obra, pero con total sinceridad. 

¿Y bien bigotudos? ¿Qué os ha parecido la entrevista? ¿Os ha gustado? ¡Nos leemos! 

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CONVERSATION

2 Pensamientos:

  1. No conocía al autor, así que gracias por la entrada :)

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  2. Hola, una entrevista genial! no suelo leer mucha fantasia pero sin duda tendre en cuenta la novela, se nota que el autor le ha puesto muchos mimos!!

    besitos

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